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El Cipotegato

El Cipotegato abre las Fiestas Generales de Tarazona en honor a San Atilano, que se celebran del 27 de agosto al 1 de septiembre, siendo el día de Fiesta Mayor el 28, conmemorándose el traslado de las reliquias del Santo a nuestra Ciudad, acontecimiento que tuvo lugar en el año 1644.

 

Hasta entonces, la Fiesta Mayor de la Ciudad se centraba en el Día del Corpus Christie, festividad de gran solemnidad religiosa, exteriorizada por una ceremoniosa liturgia, el gran boato de la Procesión y abundantes festejos populares. A partir de entonces (1644), la fecha y motivo de la Fiesta Mayor cambia, no sólo por la importancia de la posesión de una reliquia del Santo Patrón, sino también por avenirse mejor al calendario de las labores agrícolas, ya que el Corpus coincide con la época de cosecha, y a finales de agosto las faenas del campo no son tan imperiosas.

 

Al variar la fecha de la Fiesta Mayor, probablemente, y a través del tiempo, variaron también algunos de los elementos que le eran propios, por ejemplo el personaje llamado El Cipotegato.

 

Documentación procedente del Archivo de la Catedral de Tarazona, da cuenta de cómo, a finales del siglo XVIII, una resolución del Cabildo de la Catedral prohíbe que en víspera del Corpus, saliese el Pellexo de Gato a encorrer a los chiquillos. Este dato da idea de la vinculación de un personaje de similar nombre con una de las fiestas más solemnes e importantes de la Ciudad. Tras esta aparición documental, ya no hay constancia histórica de figura semejante en los Archivos Turiasonenses, hasta principios del S.XX, ya que consta en el Archivo Municipal que la Corporación pagaba a la persona que encarnaba el Cipotegato durante las fiestas de agosto, la cantidad de seis pesetas.

 

A partir de ese dato, y apoyándose en los testimonios de la tradición oral, y en fotografías antiguas, se puede constatar que la figura del Cipotegato se vincula con la Corporación Municipal, y no con las autoridades eclesiásticas como en el siglo XVIII, además de relacionarlo ya con las Fiestas conmemorativas del traslado de la Reliquia de San Atilano, el 28 de agosto. No pierde su aparición pública el carácter de acontecimiento precursor del Día de Fiesta Mayor, ya que juega su papel de “bufón” con los chiquillos la víspera, es decir, el día 27 de agosto, realizando un recorrido por las calles de Tarazona que tenía como término la Casa Consistorial.

 

Se constata su participación, acompañando a la Corporación Municipal, en la Procesión de la Reliquia del San Atilano, el día 28 de agosto, al igual que se celebra hoy, con los mismos componentes, y con la asistencia de los miembros del Consistorio, presididos por el Alcalde, y precedidos por la figura colorista y distinguida del personaje.

 

La pervivencia de su figura a lo largo de estos siglos parece que es debida a su vinculación con el Dance o Paloteao de Tarazona, manifestación popular perdida ya en los años treinta de este siglo, como demuestra el artículo del periódico turiasonense El Norte, del 29 de agosto de 1930, reproducido en el apéndice documental.

 

La transformación del Cipotegato 

 

No obstante también durante el S. XX su papel se va transformando: Hasta el año 1942, persigue a los chiquillos para despejar el camino de la Corporación o la Procesión, con un carácter similar a las comparsas de Gigantes y Cabezudos, personajes a los que acompaña. A partir de esa fecha, y tras una interrupción provocada por la Guerra Civil, pasa a ser el perseguido por los niños, quienes al verle salir del Ayuntamiento, le arrojaban los restos de las verduras que habían quedado en la Plaza de España, lugar donde se instalaba el mercado al aire libre por aquel entonces.

 

Vemos que este personaje, pasa de ser una máscara fruto de diversión a ser incluso atemorizante, y finalmente víctima a quien el pueblo castiga y humilla, o a otros a través de ella. Por ejemplo, en 1974, aunque los tomates iban dirigidos contra la Corporación Municipal y tuvieron un marcado carácter político, quien los recibió en su nombre fue el Cipotegato.

 

De aquellos restos de verduras, a los actuales tomates, y de aquella diversión infantil, a la consideración de ese acto como el más representativo de la Ciudad de Tarazona, con el que toda la población se identifica sólo han pasado 50 años, al igual que de la consideración de encarnar el Cipotegato como algo humillante y vejatorio, se ha pasado en los últimos años, a ser considerado un honor para la persona que lo ejercita, presentándose cada año unos 60 candidatos al sorteo que el Ayuntamiento realiza para elegir a la persona que lo encarnará, quien, al acabar su hazaña, contará con la admiración y reconocimiento de todos los turiasonenses.

 

Es durante este siglo, cuando la figura del Cipotegato ha venido adquiriendo más y más importancia como acto iniciador de las Fiestas Generales de la Ciudad, pasando de ser una atracción infantil, a constituir un acto multitudinario, dirigido, asumido, compartido y protagonizado por toda la ciudadanía. Es esta participación popular cada vez más numerosa y constituida por gentes de todas las edades, la que ha hecho del Cipotegato, el acto más característico y de mayor renombre de las Fiestas turiasonenses.

 

El Cipotegato es una fiesta viva y cambiante, que ha asumido, y aún lo hará, los cambios en su función y sentido que a su alrededor se produzcan, para integrarse perfectamente en el entorno social y festivo, manifestando el sentir de los turiasonenses.

 

Una fiesta de todos 

 

El Cipotegato de Tarazona se puede considerar como una pervivencia de los festejos que, organizados y reglamentados por las autoridades eclesiásticas en la Edad Moderna (s. XVI - XVIII), arrancan sin duda de antiguas tradiciones populares de la Edad Media, a pesar de que su origen es difícil de precisar. Este pasado configura una celebración de hondas y cultas raíces, a diferencia de otras manifestaciones similares (la “Tomatina” de Buñol en Valencia).

 

Sin embargo, este entronque con la historia local, que aunque oscuro, es perceptible en todo momento, contribuye a dotar a esta manifestación popular de una razón de ser vinculada con la tradición y la historia, constituyendo un atractivo cultural tan digno y atrayente como las manifestaciones populares más ensalzadas y admiradas de nuestra Comunidad Autónoma.

 

Otro de los atractivos, que sin duda es propio de esta manifestación turiasonense, es el carácter de fiesta viva que se adapta a nuevos tiempos y mentalidades, sin perder su esencia única. El hecho de que en la Fiesta del Cipotegato no sólo es protagonista el propio personaje, sino también la población turiasonense, que activamente protagoniza los hechos constitutivos de la Fiesta, dota ésta de una movilidad y una vitalidad única, ya que conectada de este modo con la sociedad de la que forma parte, se engrandece y se adapta cada año a la mentalidad y expresividad popular.

 

Por su carácter abierto y participativo: el visitante puede integrarse en la Fiesta del Cipotegato, como protagonista junto con la población turiasonense. No es un espectáculo en el que sólo los iniciados intervienen y el resto del público se limita a su contemplación. Todo el que quiera puede estar incluido en su celebración. Tanto en la Plaza España, como en el posterior desfile y en los festejos del inicio de las Fiestas en la Calle, Peñas y Bares. Esto le dota de un poderoso atractivo que no tienen otros festejos en el que el papel del visitante se reduce a la mera contemplación del acto. 

  

El Cipotegato de Tarazona fue declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional mediante Resolución de la Secretaría de Estado de Turismo de 25 de mayo de 2009.

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Última actualización

Última actualización: 19/04/2017

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